viernes, 2 de febrero de 2018

"Unas gotas de aceite"

Unas gotas de aceite es una novela autobiográfica de Simonetta Agnello Hornby, editada por Gatopardo (que tiene un catálogo fantástico).
No sé qué tienen las autobiografías/biografías/diarios que me atraen tantísimo pero cuando vi este libro supe que tenía que leerlo.
El libro de Simonetta huele a salsa de tomate, a dulces caseros... A través de distintas recetas y comidas, Simonetta recrea la vida familiar en la finca de Mosè, las visitas y las aventuras de los pequeños. Pero también es un libro de aprendizaje,en el que la pequeña Simonetta va aprendiendo lo que es la vida, lo que es el amor.
Al leer este libro es imposible no sentirse transportado a la Sicilia de esos años, oliendo los bizcochos que cocinan la hermana y la madre de Simonetta. Un relato en el que la comida une y embellece incluso los peores momentos, donde resulta ser una forma de celebrar la vida.
Y sin embargo, durante toda la obra queda al fondo la amenaza de la mafia, los peligros de los que los niños eran conscientes a medias.


Este libro desborda ternura en cada página, ha sido imposible no sentir que volvía a ser pequeña y pasábamos los veranos en el campo, cocinando en la leña. Acabarlo ha sido triste, saber que no había más páginas... pero te deja algo: una hoja de laurel para recordar a Simonetta, a Chiara, a Teresù y a Elenù.

¿Sabéis lo mejor? Al final incluye bastantes recetas de la familia.

jueves, 25 de enero de 2018

"Demonios familiares" por Mónica Baños

Demonios familiares de Ana María Matute  

 Curiosamente y sin ningún tipo de motivo aparente, me adentro en el mundo de Matute (y adopto a esta autora, de paso) con su última novela publicada, Demonios familiares (Destino, 2014). E inacabada. En un principio, la inmersión en su mundo ha resultado incluso dolorosa y asfixiante. La autora nos presenta el reducido mundo de Eva, una adolescente que se prepara para ser novicia hasta que debido al incendio provocado a su convento en los días previos a la Guerra Civil lo impiden. Así, Eva debe volver a su casa, con su padre, un militar retirado frío y tiránico y los criados, Magdalena y Yago. Su casa, conocida como el Palacio, no deja de ser un caserón frío y poco acogedor. Eva es ingenua, melancólica y solitaria. Ha vivido recluida gran parte de su vida, por lo que no conoce nada del mundo. “—Ya te digo, hija, por no aburrirse y propagar calumnias se han deshecho muchas familias, y muchos amores…bonitos. (…) ¿Qué quería decir amores bonitos? ¿Los había feos?” (…) “Qué ignorante soy. La vida pasa a mi lado y yo no me entero de nada.” A Eva le han cortado las alas, pero nunca las ganas de volar. Tiene una inmensa necesidad de amar, de sentirse querida. “Me asaltó de pronto esta convicción: no había amado a nadie, no sabía lo que era el amor. (…) Solo había existido una gran soledad. Y un respeto atemorizado por cuanto me rodeaba y me querían inculcar”. En muchas ocasiones sueña con el bosque, igual que con el desván de su casa, en el mismo en el que Yago y ella esconderán a un aviador republicano, encontrado precisamente en las profundidades del bosque. La situación es difícil, ya que la familia de Eva y la mayor parte del pueblo pertenecen al bando nacional. La tensión es palpable, el odio del padre de Eva hacia “los otros” de la guerra. Y ese mismo aviador, Bernardo o Berni, será probablemente el primer amor de Eva. “En lugar de eso, sentí a mi vez su abrazo, apretado, cálido. ¿Por qué había creído que no lo haría nunca?” Y digo probablemente porque nunca lo sabremos. Matute nos dejó antes de terminar la novela. En el punto más álgido, la historia acaba. Giras la página incrédulamente y nada más. Por mi parte, cuando acudí a la biblioteca en busca de alguna de sus obras, el hecho de que ésta fuese la última y además, sin terminar, hizo que de algún modo me sintiese atrapada por ella. Sin embargo, tenía algún tipo de esperanza, de recibir alguna explicación. No es así, pero a su vez, no resulta necesario. No sabremos qué les ocurrió a todos ellos, pero eso permite que cada uno de nosotros les demos el final que creemos merecedor. De este modo, me sumerjo levemente en el mundo de la autora, no sin decir que con muchas ganas me  hallo de conocer el resto de su obra. A ver qué me deparan las novelas de Ana María Matute en el futuro.




Mónica Baños
Estudiante de Derecho, con 16 años ganó el premio literario “Cuéntame un cuento feminista” de las Jóvenes Moiras de Valencia. Entre otras cosas, le gusta el cine clásico, la música independiente y el té. Se proclamo eterna amante de las letras, la literatura da sentido a su vida. Y ojalá que sea así por mucho tiempo. Su Instagram aquí.

sábado, 20 de enero de 2018

Si un árbol cae, María Rodríguez Blanco

Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes  (Alba, 2009), Isabel Núñez.


En 1992 la ciudad bosnia de Foča es asediada por paramilitares serbios. Tras el ataque, producido en el contexto de la guerra de Yugoslavia, se denuncian más de dos mil casos de desapariciones y violaciones masivas. Hombres y mujeres fueron separados y encerrados en diferentes campamentos y sometidos a constantes maltratos y vejaciones. A las mujeres las  violaron sistemáticamente.
Febrero del 2002. Tribunal de la Haya. Cuatro hombres son juzgados por  violación durante el sito de la ciudad de Foča. Para estos hombres, patriarcales, serbios de Bosnia, es increíble estar sentados allí por violación. Según su lógica, es normal que se juzgue por asesinato pero ellos solo violaron, si hubieran querido las hubieran matado, pero no lo hicieron, solo violaron mujeres. Este testimonio escalofriante, junto a otros, lo recoge la escritora Slavenka Drakulić en su libro No matarían  ni una mosca. Criminales de guerra en el banquillo  a partir de observaciones realizadas en los juicios por crímenes de guerra celebrados en La Haya.
Slavenka Drakulić diserta también sobre guerra y feminismo en una lúcida conversación con Isabel Núñez en Si un árbol cae (Alba, 2009). «Por primera vez en la guerra de la antigua Yugoslavia, la violación fue proclamada crimen contra la humanidad. Esa fue la conclusión importante de la violación de tantas mujeres bosnias». « {…} lo hicieron a propósito, como arma de guerra, si uno llega a un pueblo y viola a todas las mujeres, la gente que huye, propaga el mensaje como aviso y todos empiezan a huir. No podían matarlos a todos. Un medio muy eficaz para la limpieza étnica: violaciones».
No es la única entrevistada por Isabel Núñez en Si un árbol cae. El libro se compone de más de veinte conversaciones con escritores, editores y periodistas sobre la guerra de los Balcanes. Los diálogos proyectan una mirada muy fija en las voces femeninas y el papel de la mujer como víctima de una sociedad enormemente patriarcal que vio mermados sus derechos civiles con la llegada del nacionalismo.
Ese nacionalismo encendió la llama del odio y fue el que propagó la guerra. La escritora croata Dubravka Ugrešić, en relación al papel de la mujer en el conflicto afirma que: «muchas mujeres fueron las más rígidas seguidoras del nacionalismo. En televisión, vi a muchas besando, literalmente besando, las manos de Tudjman…».
Isabel Núñez interpela a unos con las afirmaciones de otros creando así una discusión.  Nenad Popović, ensayista y articulista, afirma que «fue una guerra contra las mujeres, porque ellas no son tan fáciles de inducir al pillaje y a la agresión {…} ».
Paradójicamente, Yugoslavia contaba con un gran número de mujeres emancipadas e intelectuales conviviendo en un mundo patriarcal muy fuerte. La escritora serbia Svetlana Slapšak, enemiga de Serbia por su constante lucha por los derechos civiles y de la mujer, tuvo que reconsiderar su disidencia política: «me reafirmé más feminista que disidente porque mis colegas disidentes hombres resultaron extremadamente machistas y patriarcales, por eso privilegié más mi feminismo. Odian a las mujeres por haber sobrevivido y porque en general, las mujeres somos menos nacionalistas que los hombres»
En este libro se elevan voces y experiencias vitales con el fin de evitar que se vuelvan a repetir los mismos errores una y otra vez. El lector puede colocar cada acción en su escalón correspondiente para comprender qué pasó y por qué. Las consecuencias ya sabemos cuáles fueron, no tentemos a la suerte. 

«Si un árbol cae nadie lo ve, no cambia la vida de los árboles». Y eso era exactamente la vida en Sarajevo durante el asedio, eso era el individuo en Sarajevo. Marko Vešović


María Rodríguez Blanco
«Me gusta escribir tanto como leer. He sido librera, de ahí mi pasión por los libros, ahora soy redactora y publico cosas donde me dejan. Mañana quién sabe, mientras tanto doy forma a todo lo que me gusta con letras en este blog www.viajandoydanzando.com y con imágenes en @viajanydanzan»

domingo, 7 de enero de 2018

A propósito de Clavícula, Andrea Abreu

El dolor de las mujeres es un dolor raro

Tengo un dolor que me acompaña y que a la vez es muchos dolores. Va cambiando de nombre. A veces se llama migraña, otras endometriosis, dismenorrea, colon irritable, gases, costilla inflamada, calambre, contractura, insomnio. Las curas son variadas y nunca tratan el inicio de la herida. Esos tratamientos también cambian de apelativo: buscapina compuesta, paracetamol, ibuprofeno, enantyum, abrazo, llorar, chocolate. Pero no arrancan la ortiga de raíz, solo la toman por la puntita de las hojas y con los dedos irritados tiran tiran tiran y parten el tallo. Si para René Leriche «la salud es el silencio de los órganos», entonces el dolor es el gritar del cuerpo. Es un bloque atado al cuello y es caminar arrastrando el bloque. «Todo dolor, incluso el más modesto, induce a la metamorfosis, proyecta a una dimensión inédita de la existencia, abre en el hombre [sic] una metafísica que trastoca su ordinaria relación con el prójimo y con el mundo», leo en Antropología del dolor (Seix Barral, 1999) de David Le Breton. El dolor es eso: el desplazamiento de la persona, el extrañamiento del cuerpo, la conciencia repentina de la precariedad de la existencia. Lo dice Le Breton: no existe la afección sin sufrimiento, no hay padecimiento físico —por pequeño que resulte— que no implique una problemática en el medio de la moral humana. 

El dolor se me agarra como una araña negra y viscosa y crece dentro de mi estómago, mi espalda, mi costado, mi endometrio. Tengo tan solo 22 años, casi 23, y me siento una anciana, en ocasiones. En ocasiones, creo que las ancianas se sienten menos viejas que yo. Y quiero domesticar el dolor, quiero amaestrarlo para que no me domine. Subrayo esta frase en la página 41 de Clavícula (Anagrama, 2017): «Quiero domar el dolor como si fuera un animal salvaje». Y, a veces. me pregunto si mi dolor será especial o si será igual al del resto. Tantos años lleva la araña recorriendo mi cuerpo de punta a punta que ya no sé cómo detenerla. Tantas salas de espera para un simple: «Estás estresada», «No hay cura para la endometriosis», «Eres muy joven para pensar así», «Eres muy delgada para tomar eso», «¿Te duelen las relaciones sexuales? Es normal». En Clavícula, Marta Sanz habla de muchas cosas, de muchas, hace reflexiones variadas, todas inteligentes y hermosas pero, mientras avanzo, pienso sin parar en la siguiente: «[...] los calvarios de las hembras de la especie son jodidamente naturales». Subida en un avión por encima del océano, Sanz nota un dolor en el flanco que termina por desmoronar su vida entera. Su angustia recibe nombres y curas de diverso género pero, de nuevo, el centro de la herida se mantiene intacto. De nuevo, es normal. De nuevo, la mujer debe abrazar al sufrimiento, como abraza a un hijo recién nacido y le besa la cara aunque la tenga sarpullida y negra. Natural. Nuestro dolor ha de ser natural. No están nuestros cuerpos dentro de los libros. El hombre es el centro de todas las cosas y, por eso, nuestros padecimientos son del margen. Y al margen no le alcanza el conocimiento. En ocasiones, me pregunto si no será la araña el cansancio. Si no será ese dolor en el costado la tristeza de vivir siempre en el otro lado de las cosas. En el ser el no-ser. En no ser lo uno, sino lo raro.




Andrea Abreu es periodista, lee, escribe, hace collages y fanzines. Le gustan los gatos y el café. Ha publicado un libro, Mujer sin párpados, y tiene una cuenta de IG preciosa (aquí).

domingo, 31 de diciembre de 2017

2017 en libros

Vuelvo a dejarme caer por aquí después de... yo qué sé. Pero prometo retomar esto, de verdad, esta vez sí (a ver lo que me dura).
El caso es que, aunque no me haya dejado caer por aquí muy a menudo, he leído un montón y cosas muy buenas y muy bonitas. Así que haciendo de tripas corazón he elegido los que más me han marcado de alguna manera. Allá vamos:





- "Dog café", Rosa Moncayo (iba a extenderme en este libro un montón pero dentro de poco tendréis una pequeña reseña en el blog de Cocoa -click, click-)
- "El feminismo es para todo el mundo", bell hooks. Este libro es esencial y básico para entender el feminismo interseccional y del que os hablaré en la próxima entrada sobre feminismo (la haré, no sé cuándo, pero la haré).
- "Hermano de hielo", Alicia Kopf (os hablé de este libro aquí).
- "La canción de la llanura", Kent Haruf. Es el único libro escrito por un hombre que se ha colado en mi lista (no hecho adrede, es que este año las mujeres han sido las predilectas a la hora de elegir) pero es que me fascinó las historias y la ternura con la que escribe este señor ("Nosotros en la noche" es, igualmente, una obra muy especial para mí).
- "Los hombres me explican cosas", Rebecca Solnit. Hablé hace tiempo de este libro porque me encantó y tengo muy pendiente seguir leyéndola (aquí).
- El libro de Gloria Fuertes. Blackie Books y Jorge de Cascante han hecho una edición preciosa sobre su poesía adulta y bueno, luego han hecho una de su poesía infantil y estoy que me muero con las dos. A este libro le dediqué una entrada entera porque se la merece (esta).
- "El club de los mentirosos", Mary Karr. Ha sido de los últimos libros que he leído y es IMPRESIONANTE. Bien escrito, con un humor impresionante que oculta una historia alucinante y unos personajes increíbles. Que me faltan adjetivos para expresarme, vaya.


- "El duelo es esa cosa con alas", Max Porter. Todo en esta obra es una pasada: el diseño editorial, la historia, la narración, lo que plasma. Todo. Me ha marcado y me va a acompañar siempre (lo cuento aquí).
- "¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?", Jeanette Winterson (este libro... puf, aún no sé ni qué decir, pero es un libro que duele mucho).

(me estoy alargando demasiado así que voy a obviar comentarios)

- "Apegos feroces", Vivian Gornick
- "Canción dulce", Leila Slimani
- "El arrecife de las sirenas", Luna Miguel (LEED A LUNA SIEMPRE)
- "Cuaderno de campo", María Sánchez. De una sensibilidad impresionante.
- "Del color de la leche", Nell Leyshon
- "Las cosas que perdimos en el fuego", Mariana Enríquez
- "Qué vergüenza", Paulina Flores






¡Felices lecturas y feliz año!

P.D.: ¿Os gustaría que os hablara de los libros que no me han gustado nada este año?

miércoles, 18 de octubre de 2017

#LeoAutorasOct

He vuelto a desaparecer, será es la universidad que me quita las ganas. Peeeero, este mes es el reto #LeoAutorasOct y lo estoy disfrutando como una niña chica. He tenido que venir volando porque acabo de terminar "Comunidad" y no podía dejar pasar la oportunidad de traerlo.



Las primeras páginas no me gustaron mucho, los personajes que presentaban en ese primer capítulo me cayeron mal y mi mente se imaginó cómo iba a terminar la historia. ERROR. Mi cabeza se equivocó del todo. Conforme iba avanzando la historia, iba adentrándome en la vida de los personajes, en sus desgracias; imaginaba que tomaba posesión de alguno de ellos, me enfadaba cuando no contestaban lo que yo hubiera dicho... Me perdí por completo en sus vidas.
Y os preguntaréis, ¿de qué va este libro? Pues trata la historia de dos familias que, un buen día, se rompen. O, más bien, se agrandan, porque lo que ganan en el camino es mucho más inmenso de lo que hubieran esperado. 
Solo os digo que te absorbe y te pierdes entre las páginas, que me he enamorado de Franny, de Teresa, de Fix, de Albie... E incluso le he cogido cariño a los personajes que al principio me resultaban horribles. Porque este libro te enseña a dos familias unidas, con sus defectos, sus errores, sus tragedias, pero que al final se apoyan entre ellos, se quieren, cada uno a su manera.



También quería contaros que "Canción dulce" es una obra maestra. Está escrito de forma brutal, de verdad, con un ritmo suave que se asemeja a una nana y que poco a poco te va envolviendo. Y pensaréis que con semejante narración la historia será dulce y tierna: me temo que no. Una historia desgarradora que ya te mantiene en vilo desde la primera página. 
No quiero decir nada más porque sería como contaros el final de la película antes de empezar, así que solo repito que es brutal, impacta y cautiva. Realmente adictiva.


sábado, 23 de septiembre de 2017

El duelo es esa cosa con alas

Por problemas con compañías inútiles he estado (y aún me queda) sin internet, por lo que mi buena racha siendo una chica constante se fue a la porra. Como he vuelto a casa y a la comodidad del wifi durante unos días quería aprovechar para subir una entrada antes de volver a la desconexión.
En un principio tenía clarísimo que os traería más autoras o, quizás, libros sobre feminismo. Sin embargo, mis planes se vieron truncados por culpa de Max Porter.

Veréis, desde hace años intento leer sobre el duelo porque es algo que no consigo superar y por ello busco entre las palabras formas de sobrellevarlo. Hasta ahora solo dos libros me habían llegado: El año del pensamiento mágico y Lo que no tiene nombre. Con Joan Didion y Piedad Bonnett había empezado a entender ciertas heridas aún abiertas pero ha sido El duelo es esa cosa con alas el libro que definitivamente me ha abierto en canal.


No sabría clasificar esta obra pero se encuentra a medio camino entre la prosa y la poesía, donde (os juro que lo he sentido así) el lenguaje cobra vida propia.
La historia de un padre y unos hijos que tienen que afrontar la pérdida de la esposa, de la madre y que cuentan con la llegada de Cuervo.
Escrito a tres voces (Padre, Hijos, Cuervo), Porter narra la desesperación de la pérdida, lo que queda después de la marcha, el aprender a vivir con ello, el seguir adelante, la sensación de que todo puede con uno. Pero, sobre todo, está aquí el miedo a olvidar, la necesidad de aferrarse a lo que ya no está y a recordarla, antes de que la memoria empiece a fallar.
Con una maestría impresionante nos trae el relato de una familia rota que poco a poco aprende a vivir sin la Madre, enseñándonos los errores y los miedos del padre, las gamberradas de los niños, la presencia de Cuervo, lo que supone vivir el duelo.

Nunca nadie me había hablado de la ausencia y el dolor de esta forma, tan descarnada y caótica pero a la vez tan humana y natural.



Por cierto, no puedo acabar sin decir que estoy locamente enamorada de las ediciones de :Rata_, lo cuidan todo muchísimo y han conseguido crear unos tesoros preciosos.